viernes, 5 de septiembre de 2008

La nueva edición del Diccionario de la Real Academia incorpora más de 30.000 novedades

MADRID. Antonio Astorga
La nueva edición -XXII- del Diccionario de la Real Academia Española, que se presenta dentro de quince días en Valladolid, aumenta considerablemente el número de vocablos o artículos incluidos, que rondan los 100.000 y las nuevas acepciones y definiciones modificadas, en más de 30.000. Pero lo que sobresale es el ingente número de americanismos incorporados.
«Motero, ra. adj. Chile. Que vende mote. 2. Chile. Aficionado a comer mote. 3. Chile. Perteneciente o relativo al mote». Pero, ¿qué es el mote chileno? Según el Diccionario «usual» o DRAE (Diccionario de la Real Academia Española), dícese, en Chile, del «guiso o postre de trigo quebrantado o triturado, después de haber sido cocido en lejía o deshollejado». «A partir de ahora el motero también será el individuo de las motos», dice el académico e insigne helenista Francisco Rodríguez Adrados, miembro de la Comisión que ha integra la Comisión del Diccionario y con quien ABC se puso en contacto para que desvelara las claves la XXII edición. La obra la presentará el director de la RAE, Víctor García de la Concha, en el II Congreso de la Lengua Española de Valladolid y el primer ejemplar será entregado a Sus Majestades los Reyes.
NUEVA PLANTA
La XXI edición del DRAE, aparecida en 1992, contiene más de 83.000 artículos y se ha distribuido en tres formatos distintos: siguiendo el modelo tradicional, en un solo tomo; otro popular, impreso en dos tomos de tamaño de bolsillo, y una versión electrónica, editada en cederrón. El nuevo DRAE se ha edificado a partir de nueva planta y para su elaboración se ha contado, por vez primera, con la ayuda de herramientas informáticas diseñadas al efecto y con la información obtenida del riquísimo banco de datos de la Real Academia.
El DRAE regresa al orden alfabético latino universal tras la decisión aprobada hace ocho años en el Congreso de Academias. Los 29 compartientos que existen en el Diccionario se reducirán a 27 pues las palabras iniciadas por los dígrafos «ch» y «ll» que no son propiamente letras se colocarán respectivamente en el sitio que les corresponda entre las iniciadas por «c» o por «l». Novedad es el tratamiento de la homonimia, de las variantes equifuncionales y, sobre todo, el establecimiento de criterios rigurosos para la selección y mantenimiento de las entradas, replanteándose los problemas correspondientes a los imperativos geográficos, sociales, técnicos, de registro y corrección. Por otra parte, incorporará variaciones relativas a la microestructura de cada artículo, que presentará innovaciones en el tratamiento de las etimologías, de las marcas, abreviaturas e informaciones gramaticales, así como en el modo de elaborar la propia definición: disposición de las acepciones, tratamiento del contorno lexicográfico y de la información enciclopédica.
-¿Cómo se ha laborado en la nueva planta?
-Es el esquema -dice Rodríguez Adrados- de cómo se ha redactado el Diccionario: cómo se organizan las acepciones, las referencias de unos artículos a otros, las abreviaturas, todas estas cosas diríamos que técnicas. Incluso está impresa la nueva planta y la ha realizado la Comisión del Diccionario. Pero han quedado un par de cosas pendientes para la siguiente edición por falta de tiempo, de personal, etcétera. Concretamente, planteábamos -y se acordó- dar la fecha de la primera localización de cada palabra, de cada acepción, pero esto no se ha podido hacer porque los bancos de datos todavía presentaban lagunas y nos exponíamos a que hubiera cosas defectuosas. Y del mismo modo, la organización ramificada de los artículos.
-La obra atesora un ingente número de americanismos, vocablos, lemas y acepciones...
-...Se incorporan más de 10.000 artículos y de 20.000 acepciones. Se han enmendado más de 50.000 artículos. Se han suprimido más de 5.000 artículos y más de 15.000 acepciones. Muchísimas palabras y acepciones nuevas y también eliminaciones. El Diccionario, fundamentalmente, recoge el español desde el año 1500 con algunas excepciones como las palabras anteriores que eran interesantes por varios motivos. Pero en general hay numerosas adiciones del español de España, del español de América y algunas supresiones. Y muchas, muchas correcciones de las definiciones.
-¿Cuál ha sido el órgano máximo que ha regido la obra?
-El Pleno, por lo menos teóricamente es el que tiene que aprobar todo aunque en la práctica delega a veces porque materialmente es imposible. Hay una Comisión Delegada del Pleno y cuatro Comisiones divididas por letras e integradas por académicos que revisaban sistemáticamente todo el trabajo. Junto a ellas, las comisiones monográficas: la dedicada a las Ciencias Humanas y la que abraza el terreno científico -muy importante porque hay un ingente vocabulario científico-. Todas han trabajado en conexión directa con el Instituto de Lexicografía de la Academia -pilotado por Rafael Rodríguez Marín- y han tomado en cuenta los datos de los bancos de datos del CREA -el español actual- y el CORDE -el español de todas las épocas y lugares, desde los inicios del idioma hasta el año 1975-. (En total, el CREA y el CORDE abrigan más de 250 millones de palabras. El CREA es un conjunto de textos de diversa procedencia almacenados en soporte informático del que es posible extraer información para estudiar las palabras, sus significados, la gramática y su uso. A estos conjuntos de textos, seleccionados y ordenados según unos criterios establecidos, se les denomina corpus en la Lingüística y Lexicografía modernas).
-¿El ciudadano de la calle ha aportado su granito de arena?
-Por supuesto. Las propuestas han procedido bien del Instituto de Lexicografía o bien del público, porque la gente ha escrito y ha proyectado sus inquietudes.
-Imprescindible ha sido la labor de todas las Academias Hispanoamericanas de la Lengua Española...
-Indudablemente. Todas ellas han realizado muchísimas propuestas a la Comisión Permanente de Academias americanas. Las Academias mandan sus listas, las estudiamos y se toman decisiones. Las listas pueden proponer nuevas palabras o que se eliminen cosas. También los académicos correspondientes de toda España hacen sus aportaciones. El resultado de todo ello es el considerable aumento, en torno al veinte por ciento, de nuevas acepciones. También se han eliminado bastantes cosas pero no sólo de América, bien porque no eran significativas o había algún error o tal vez porque era sólo de una mínima región. Se ha suprimido algo así como un cuatro o un cinco por ciento.
EL LÉXICO HISPANOAMERICANO
-¿Se ha revisado la ortografía?
-De forma sistemática para aplicar, naturalmente, la ortografía de la Real Academia Española. En este sentido se han tenido en cuenta las consideraciones de la comisión de Gramática. Los términos filosóficos los ha revisitado Emilio Lledó -y aunque los nombres no constan en el prólogo, porque parece que es tradición allí no dar nombres, quiero recordarlos aquí-, los de Derecho los ha revisado García de Enterría y así sucesivamente. Yo me he ocupado de la terminología lingüística. Se han analizado conceptos griegos, germánicos, celtas, indoeuropeos, prerromanos y de las lenguas prehispánicas de América. También se ha escrutado la etimología árabe desde la nueva bibliografía.
-¿Cuál ha sido el mecanismo de trabajo?
-Las Academias nos han enviado sus listados, tras revisar y añadir lo que estimaban que tenían que incorporar y suprimir lo que sobrara, tal vez porque eran términos erróneos o porque arrastran siglos y muchas contingencias. Lo mismo ha ocurrido tanto en las nuevas palabras como en las acepciones nuevas -sobre todo de sentido-. En la Comisión Permanente, en términos generales, hemos aceptado las propuestas pero no siempre porque, claro, hay unos criterios de tipo general. En lo relativo al léxico hispanoamericano creo que puede haber un incremento de un 20 por ciento. Comisiones, ciudadanos, Academias hispanoamericanas, propuestas y filtros. Se trataba de hacer algo lo más homogéneo posible.

-¿Estamos ante el gran Diccionario del español universal? -Sí porque la proporción de elementos del español de América ha aumentado muchísimo. No obstante, en gran medida los americanismos son derivaciones del español estándar. Son los mismos sufijos, son las mismas terminaciones, a veces evoluciones semánticas. Sabemos que una palabra española se adapta a nuevas especies animales, a nuevas especies vegetales. Pero, en fin, en una gran medida los americanismos son de raíz española. Por ejemplo, el léxico que se ha publicado de los ecuatorianismos, de los mexicanismos, en buena medida es de raíz hispánica pero allí ha adoptado evidentemente sentidos o usos especiales. En otro estadio, pues, son indígenas. Lo que más crece son las derivaciones y composiciones con material español, que es de origen latino o grecolatino en muchas circunstancias. Aquí en España lo que más se agranda es el léxico científico. Pero el Diccionario no solamente tiene palabras o artículos o vocablos. Atesora también elementos inciales -a, anti, is, geo, bio- y elementos finales -ismo, ista, trofo...- que en mayor medida son grecolatinos.

Fuente:

Palabras muertas que aún viven en el diccionario (además, unos apuntes sobre el uso de 'huérfano')

Por Ricardo Seca
La Academia Española no se caracteriza, como sabemos, por su agilidad en la incorporación de nuevos vocablos ni tampoco, ciertamente, por su presteza en la hora de eliminar términos abandonados por el uso y olvidados por los hablantes. Este último caso parece ser el de zurruscarse, vocablo que figura en el Diccionario con la denotación de 'irse de vientre involuntariamente'. En la primera edición (Autoridades), más precisa en este punto, se aclaraba que la acción enunciada por este verbo tenía lugar 'especialmente con ruido o en la ropa'. Mientras zurruscarse enmohece en el diccionario y ni siquiera existe en el corpus actual de la Academia, me parece poco probable que algún lector se haya topado alguna vez con un pedido tal como "Oye, me he zurruscado, ¿podrías ir a mi casa a buscarme un pantalón limpio?" No menos útil para una persona que se precie de poseer vocabulario rico y presto para todas las eventualidades es la palabra bardaje, que, según el mismo Diccionario nos enseña, denota 'homosexual paciente' y de la cual aparecen cuatro casos en el corpus, sin duda todos ellos tomados del Diccionario. El calificativo paciente no está allí, obviamente, para excluir a los homosexuales que tienen poca paciencia, sino para delimitar el alcance del término a los pasivos pero, en todo caso, parece altamente improbable que este extraño vocablo pueda oírse en nuestra época con mucha frecuencia en cualquier lugar del área hispanohablante. La ideología católica y reaccionaria ha marcado –sobre todo hasta el siglo pasado– muchas definiciones del diccionario, como la de marxismo que, hasta 1970, era definido como "doctrina de Carlos Marx y sus secuaces". Ese texto quedó atrás en la edición de 1984, nueve años después de la muerte de Franco, pero el peso de la ideología se arrastra hasta hoy en vocablos surgidos en el tiempo en que la mujer era considerada un ser inferior, que se mantienen en el acervo académico como una costra que espera ser limpiada. Vemos, por ejemplo, la palabra zurrona 'mujer perdida y estafadora'. No sabemos en qué casos podría aplicarse esta doble adjetivación y el Diccionario no lo explica; tal vez a una prostituta que se niega a prestar sus servicios después de haber recibido el dinero del cliente, aunque en ese caso sería sin duda estafadora, pero ya no tan perdida, puesto que rehúsa conceder sus pecaminosos favores. Por supuesto, un zurrón no es para el DRAE un hombre perdido y estafador, sino una simple bolsa de cuero. Algunas definiciones se arrastran desde la Edad Media, de una época en la que el avance de la ciencia no había hecho necesario aún desarrollar el concepto mismo de definición, que vino junto con la idea, relativamente reciente en términos históricos, del rigor científico. En esa época, las palabras eran explicadas como en el diccionario de Covarrubias, con base en la primera idea que aparecía en la cabeza del autor, o bajo la influencia del humor con que se había despertado aquel día. Un ejemplo de ese tipo, de tufo medieval y anticientífico, lo tenemos en la entrada sobre el ñu, definido como 'antílope africano semejante a un caballito y con cabeza de toro', poética descripción acogida también por María Moliner y que figura en el Diccionario hasta la última edición.

(Agradezco a mis buenos amigos Xosé Castro y María Cristina Dutto sus valiosas sugerencias para esta nota).
Fuente:



A propósito de las reflexiones de Seca, y conociendo además las deficiencias -confirmadas en el artículo anterior- a las que nos tiene acostumbrados el Diccionario de la Real Academia Española 2001 (en adelante Drae 2001), me di a la pesquisa de la entrada léxica -la palabra, en buen cristiano- 'huérfano'. Los motivos exactos por los que opté por esa palabra son realmente fortuitos, pues mi objetivo principal era redactar un breve artículo acerca de la lingüística cognitiva, por lo que tuve que citar dicha palabra para ejemplificar el carácter enciclopédico del significado según esta corriente científica 'novedosa', que si bien es cierto no lo es dentro de las ciencias del lenguaje, lo es en divulgación teórica y en aplicación en el análisis, al menos en nuestro medio. Al margen de lo anecdótico, pasemos a evaluar la definición propuesta por el Drae:
  • huérfano, na. (Del b. lat. orphănus, y este del gr. ὀρφανός). adj. Dicho de una persona de menor edad: A quien se le han muerto el padre y la madre o uno de los dos, especialmente el padre. U. t. c. s. 2. poét. Dicho de una persona: A quien se le han muerto los hijos. 3. Falto de algo, y especialmente de amparo. En aquella ocasión quedó huérfana la ciudad. 4. ant. expósito. U. en Bolivia, Chile y Perú.

En primera instancia, debemos saber que la estructura de una definición conceptual está compuesta por el género próximo (el término generalizador, el hiperónimo) y la diferencia específica (término que precisa la característica diferenciadora). En este segmento de la definición encontraremos el contorno, que es según Martínez de Sousa: el "conjunto de elementos de información no esencial añadidos a una definición”. Pero cabe aclarar que el hecho de que sea no esencial no significa que esta sea soslayable e innecesaria, sino que aporta para el enriquecimiento de aspectos característicos de la palabra, que pueden dar luces sobre un uso particular de la misma.

Ahora enfoquémonos sólo en la primera acepción de 'huérfano', que es la que presenta falencias técnicas. El Drae introduce en la definición lo que en la terminología lexicográfica se denomina contorno, que es aquella estructura introducida de manera obligatoria cuando estamos ante entradas en las cuales no puede iniciarse la definición con una categoría gramatical distinta de la categoría a definir. Dicho en otros términos, si, por ejemplo, queremos definir 'ocioso', no podemos empezar con 'persona que está sin hacer algo' porque 'persona' es nombre (sustantivo) y ocioso, adjetivo. Existe otra clase de contorno, que es aquella a la que hemos hecho referencia líneas arriba, aquella que se encuentra inserta en la misma definición conceptual. Observemos la definición del primer uso, que es en el que nos centraremos:

  • "[...] adj. Dicho de una persona de menor edad: A quien se le han muerto el padre y la madre o uno de los dos, especialmente el padre [...]".

Tenemos, dentro de la composición, el género próximo -el elemento genérico- ('persona de menor edad') y la diferencia específica -el elemento particularizador- ('a quien se le ha muerto el padre y la madre o uno de los dos'). En este caso, estos dos componentes son suficientes para saber lo que es un 'huérfano'. Sin embargo, el Drae apunta un rasgo más en la definición: 'especialmente el padre' (resaltado arriba en cursiva), un elemento de más superfluo, puesto que dentro de los estrictos márgenes del uso de este vocablo en ningún momento un niño va a dejar de ser más o menos huérfano porque es el padre quien falleció y no la madre. El hablante de una lengua natural, el castellano en este caso, no concibe dentro de su lexicón, ni siquiera creo que sea parte de su conocimiento enciclopédico, de su conocimiento del mundo. ¿Es que acaso la Academia sigue con la errónea y decimonónica idea (con el perdón de los decimonónicos que tienen, entre sus cien años, grandes aportes a la humanidad como la obra de Balzac, la filosofía de Schopenhauer y su De la cuádruple raíz del principio de razón suficiente, o la introducción del término lingüística, a mitad de siglo, para delimitar el estudio científico de las lenguas y separarlo del hasta entonces tradicional estudio filológico) del modelo familiar patriarcal donde el hombre es el pilar del hogar -al menos en lo económico- y donde su ausencia, parafraseando a Vallejo, hace una falta sin fondo? ¡No, mis estimados señores académicos! Hay que tratar de no confundir papas con camotes, o para no ser tan coloquial: no hay que confundir, en una definición, contorno con información baladí e impertinente. En todo caso, no debemos incluir nuestras propias percepciones, o la de nuestra región -llámese España- en lo que creemos que es un uso general, pues le restamos objetividad a la labor científica. Esperemos que la vigésimo segunda edición de ¿nuestro? diccionario sea más cuidada (y que yo no haya equivocado mis juicios también ¡sssshhh...!).

viernes, 22 de agosto de 2008

Reseña histórica sobre la prostitución en el Perú

Existen informes que afirman que la prostitución existía en el Incanato. Si bien no se tiene claro cuáles fueron los motivos, se supone que las mujeres dedicadas a esto (pamparuna: persona o mujer de plaza, mujer pública) fueron primero sancionadas. Por algún motivo desconocido se les quitó de la distribución de tierras y productos, lo cual las llevó a padecer penurias y no les quedó más que dedicarse a la prostitución para poder sobrevivir.Lora menciona que Garcilazo de la Vega, en su obra Los Comentarios Reales, refiere también que en el Incanato hubo prostitutas, llamadas “papaganas”, debido a “las migraciones internas obligatorias y a la desigualdad social y de poder que esto generaba”.Con la conquista, la prostitución se incrementó. Se dieron condiciones por las cuales las mujeres indígenas se involucraron en la prostitución o fueron forzadas a hacerlo. Las mujeres indígenas fueron en muchos casos violadas, y dado que la honra de una mujer radicaba en su actividad sexual, eran sancionadas socialmente. Ya nadie las buscaría para casarse o tener una relación estable, lo cual les permitiría tener acceso a una vida con mayores posibilidades económicas en base a la dependencia de su pareja.Asimismo, la muerte de hombres indígenas durante la conquista contribuyó más al deterioro de la economía de las mujeres. Pero todo esto se sumó a la gran demanda de los españoles por prostitutas, lo cual se fue incrementado con el crecimiento de las ciudades: “La sociedad colonial trajo la naturaleza urbana de la prostitución”.En la colonia, el Virrey Toledo establece que la prostitución en Lima se debía circunscribir a la calle Las Barraganas. Incluso por eso se les denominaba con el mismo nombre a quienes se prostituían.Ya en la República, las mujeres dedicadas a la prostitución se ubicaban en las márgenes del río Rímac, en la calle de los Patos en Callejón Romero. Durante la gestión presidencial de Augusto B. Leguía, las prostitutas se situaban frente al Palacio de Gobierno, por lo cual este presidente pidió que se legislara sobre el tema, y designó a Monseñor Dávalos y Lissón, Obispo de Lima.Monseñor censó a 120 meretrices y elaboró en 1911 lo que ahora se conoce como “Licencias Especiales”, las cuales han ido teniendo modificaciones a través del tiempo.En 1910 se dio la primera reglamentación y se observó un incremento notable de la prostitución.El número de prostitutas mencionado por Dávalos y Lissón, en comparación con otras ciudades de América Latina, era reducido, frente a lo cual Bracamonte lo interpreta como “una cifra conservadora debido a la tardía imposición de la reglamentación que obligaba a estas mujeres a registrarse ante las autoridades a fin de ejercer el oficio de prostitutas.Consideran que esta actividad se vio afectada por la pobreza como consecuencia de la guerra con Chile, ya que en 1914 -1915, después de la reglamentación, el número de mujeres inscriptas en la actividad prostibularia era de 588, y en una década había aumentado considerablemente.Además, Lora refiere que en 1925 hubo una atracción por las chilenas, dándose por primera vez el tráfico de mujeres. Se les llamaba “chilenas”, un modo de estigmatizar lo chileno como vergonzoso.Bracamonte refiere que a inicios del siglo XX Lima tenía tres categorías de prostíbulos: “los de clase ínfima, ubicados en el Callejón de Romero, Colchoneras, Alguacil, Tajamar, Huarapo, Acho y Chivato; los de clase mediana, ubicados en los lugares de Salud, Huevo, Acequia Alta, Panteoncito, Puerta falsa del teatro, Mandamientos y el jirón Amazonas; y los de clase superior, ubicados en los lugares de Los Patos, Comesebo, Orejuelas, San Sebastián, Barranquita, Juan Simón, Naranjos, Penitencia y Moserrate”.Además de estos locales, también existían otro tipo de burdeles donde se consumía alcohol, música y baile. La prostitución iba adquiriendo importancia, lo cual también afectaba la subjetividad de los demás habitantes.La presencia de la prostitución llevó sobre todo a las clases altas a exacerbar sus temores y establecer límites que diferenciaran a las mujeres prostitutas de las mujeres buenas (madres, esposas, hijas). Se puso énfasis en el honor y la decencia femenina, para que éstas fueran visibles públicamente y no fueran confundidas con la imagen de prostitutas.Esto se traduce en “actitudes, comportamientos, formas de expresión” que eran inculcados en las familias, para demostrar su honorabilidad en cada una de sus acciones.Con todo esto, un espacio que fue invadido fue el lecho conyugal, lo cual influyó en la sexualidad de las mujeres y las relaciones con los hombres: las “mujeres decentes” no podían manifestar sus deseos por ser ello manifestación de las “prostitutas”.Bracamonte cita al Dr. F. Merkel: “La práctica demuestra, como lo ha demostrado siempre, que el matrimonio no satisface las aspiraciones de todos los hombres que se han casado y casan. No hacemos referencia a las infidelidades, [...] sino queremos hacer recordar que existen psicopatías sexuales, muy largas de enumerar, a la satisfacción de las cuales ni una mujer se prestaría, ni el marido, que debe ser considerado como enfermo, sería capaz de exigir a su consorte, a la que respeta y quiere como a digna compañera y madre ejemplar de sus hijos. Y así se encuentra ya, desde tiempo inmemorial, un grupo social de mujeres destinadas a este objeto: llenar el vacío que para algunos hombres deja el matrimonio”.Asimismo, los temores en las familias empobrecidas aumentaban porque las mujeres jóvenes podían ver a la prostitución como una alternativa para cubrir sus carencias.Conforme aumentaba la prostitución, también “resultaba urgente la necesidad de exorcizarla, para lo cual debía ser convocada, satanizada y estigmatizada”.Los médicos de ese entonces, como autoridades de la ciencia, identificaron a las prostitutas como la fuente de enfermedades venéreas. Vistas como un peligro para los varones jóvenes que podían ser engañados al no decirles las mujeres su verdadero estado de salud. Por otro lado, las prostitutas eran un mal ejemplo para las menores de edad, ya que podían ser inducidas a “caer en las redes del vicio”.La visión sanitaria era que “el meretricio favorece la difusión de enfermedades venéreas, de las cuales unas dañan al individuo y otras influyen en la descendencia, convirtiéndose en factor de degeneración genésica”.Esto se convirtió en parte del argumento para la normatividad sobre la prostitución. Mannarelli refiere que entre 1905 y 1910 hubo una alta incidencia de sífilis, más entre negros, después blancos, mestizos, amarillos e indios, y dado que había una “conspiración del silencio” por ser el tema sexual un tabú, la falta de información adecuada exponía a los jóvenes, quienes guiados “por sus necesidades fisiológicas y satisfacciones morales” encontraban en la prostitución una “fuente pródiga” para satisfacerse.Se reconocían estas “necesidades fisiológicas” del varón como un imperioso impulso, el cual encontraba en el “amor reglamentado”, la prostitución, un medio para satisfacer ese apetito sexual.De una u otra manera, se justificaba la existencia de la prostitución a favor de los varones, y se cuestionaban las acciones de las mujeres involucradas en prostitución, estableciéndose incluso una clasificación de causas, a saber: “intrínsecas: temperamento lúbrico, perversión precoz y falta de educación y extrínsecas: mala educación, insuficiencia de salarios, atractivo del placer y lujo, desaparición de los principios religiosos, descenso del nivel moral, seducción, primer desliz, reprobación social, influencia de libros y figuras obscenas, abandono del amante, etc. Como causas de orden social se mencionan: condición del domicilio, ambiente familiar, medios de subsistencia individual y de la familia, etc.”Asimismo, ya se reconocía la existencia de prostitución clandestina, esto es, la que esejercida por mujeres en algunos casos en sus casas o en algún local, o las que se pasean por las calles y plazas.En 1935, la “Liga Nacional de Higiene y Profilaxia” empieza a luchar por la represión de la prostitución; se dan posturas a favor del abolicionismo y en contra de la reglamentación, como también quienes consideran que la reglamentación es lo que permitirá manejar los problemas de salud suscitados por ese grupo de mujeres.En 1936, se organiza el Comité Abolicionista Peruano.En 1949, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprueba el texto de un Convenio cuyo primer considerando dice: “La prostitución y el mal que la acompaña, la trata de personas para fines de prostitución, son incompatibles con la dignidad y el valor de la persona humana y ponen en peligro el bienestar del individuo y de la comunidad”. La Asamblea invita a los países a tomar medidas legislativas abolicionistas.En 1956 se dan normas sobre la inspección y carnetización dictadas y ejecutadas por el Ministerio de Salud. Esto implicaba el control sanitario de las mujeres en prostitución cada 15 días.En 1957, diecinueve países ratifican el Convenio de 1949; el Perú persiste con el régimen reglamentarista. Se aprueba el nuevo reglamento de Licencias Especiales de Policía, considerándose la prostitución entre las actividades incluidas en dicho reglamento.La Asociación Peruana de Higiene lanza un comunicado a la ciudadanía, y a fines de 1957 se expide un Decreto Supremo: una declaración en pro de la abolición.En 1967 se constituye una nueva Comisión para estudiar el problema, que presenta un informe sobre la situación de la prostitución, donde en base al estudio de casos de mujeres involucradas en prostitución plantean algunas recomendaciones teniendo en cuenta el objetivo con el que fue convocada: “disponer medidas que prevengan la prostitución y aseguren la debida recuperación de quienes han incurrido en ella”, siendo entre otras el reconocimiento de la presencia de menores, las diferencias con las que se considera a la mujer frente al hombre que la prostituye, la existencia de grupos interesados en mantenerla y la desorientación de la opinión pública que juzga la prostitución legítima pero desprecia y condena a la prostitución.Además este informe señala algunas medidas dentro de la Rehabilitación, Prevención y lo Legal. Mayormente, estas medidas apuntan a la mujer que se prostituye, planteando su reclusión y tratamiento, al mismo tiempo que enfatizan las redadas para quienes no tienen licencia. Aluden tangencialmente a la demanda.Entre 1972 y 1983 se dieron 4 modificaciones a las licencias especiales.En 1985 se designa a las Municipalidades para ejercer el control de la prostitución, que hasta ese entonces estaba a cargo del Ministerio del Interior, quienes estipulan una serie de requisitos, dentro de un reglamento, para el funcionamiento de locales.Mientras tanto, a partir de 1990 la prostitución clandestina aumenta considerablemente en las calles del centro de Lima.En 1993 se deroga este reglamento y se emiten ordenanzas municipales que establecen multas y sanciones a los locales que no tengan licencia. Asimismo, se dieron normas municipales que planteaban la obligatoriedad de exámenes médicos.Entre 1995 y 1998 se enfatiza nuevamente que las prostitutas son un foco infeccioso. Por este motivo las mujeres eran detenidas, llevadas a centros de salud y, en caso de que se encontraran infectadas con alguna ETS, eran encarceladas por delito contra la salud pública.A finales de esa década se calculaba que alrededor de 12.000 prostitutas estaban ofreciendo sus servicios en el Centro Histórico de Lima. El 20% estaban comprendidas entre los 13 y 17 años, si bien entidades gubernamentales hablan de cifras mucho mayores, planteando que 75.000 mujeres se dedican a la prostitución en la ciudad de Lima, no pudiendo dar cifras exactas sobre las que se encuentran en prostitución clandestina.Paralelamente al incremento de mujeres, desde 1992 se ha dado una proliferación de hostales, cines pornográficos, discotecas, etc.Asimismo surgen medios de difusión de la oferta de servicios sexuales. Los medios de comunicación juegan un rol importante; los diarios mantienen secciones específicas donde se ofrecen estos servicios; también hay espacios televisivos y páginas web donde se ofertan incluso a niños, niñas y adolescentes. La pornografía como antesala de la oferta de servicios sexuales ha ido también incrementándose.Por otro lado, con el surgimiento del VIH/SIDA, en los años 80 las mujeres en prostitución fueron objeto de diferentes investigaciones relacionadas con la incidencia o prevalencia de ETS.Se ha observado que en los últimos años se ha incrementado el número de niños, niñas y adolescentes explotados sexualmente. Esto ha originado una mayor movilización de recursos en un abordaje de esa población. Sin embargo, no se trabaja con la demanda y quienes lucran con la explotación: es un extraordinario negocio.En el 2004 se promulgó la ley 28.251, que sanciona al usuario de mujeres cuyas edades estén comprendidas entre los 14 y 17 años, lo cual era un gran vacío legal.Las investigaciones sobre el tema de prostitución se iniciaron desde un punto de vista biomédico. Sin embargo, en los últimos años se está intentando un enfoque psicosocial, aunque siempre enfatizando la visión de la mujer que se prostituye y no la de la presencia del cliente.La prostitución callejera está entendida como la comprendida por mujeres, niños, niñas y adolescentes de estratos socio-económicos con menos recursos. Al ejercerse en la calle y en locales que no cuentan con licencia, quienes ofrecen estos servicios son blanco de mayor estigma y persecución, siendo objeto de mayor violencia y abuso de autoridad.Esta modalidad de prostitución es la más perseguida por acciones dirigidas por la Municipalidad. Preocupada porque no pagan tributos, argumenta que las prostitutas atentan contra la seguridad de los usuarios al no estar registradas y no contar con control médico.En los últimos años, las mujeres involucradas en prostitución, denominadas trabajadoras sexuales, se agrupan en asociaciones. Tal es el caso del Perú donde surge la Asociación de Trabajadoras Sexuales Miluska y Dignidad. Esta asociación argumenta su organización en aras de defender sus derechos, contra la violencia y a favor de la protección de su salud.Trapasso sostiene que “la defensa de las mujeres denominadas trabajadoras sexuales es una medida de corto plazo puesto que no cambia o modifica las relaciones de dominación y subordinación entre el cliente y la persona proveedora de sexo. La defensa de los derechos de las mujeres que ejercen la prostitución no cambia el hecho de que los hombres compran el cuerpo de la mujer. Si creemos que toda mujer es dueña de su propio cuerpo y tiene el derecho de vivir su sexualidad dentro de relaciones de mutualidad, respeto y justicia, entonces la prostitución y el tráfico de mujeres son totalmente inaceptables. Mas bien, estando convencidas de que los derechos sexuales son elemento fundamental de los derechos humanos, entonces toda manifestación de explotación sexual tendría que ser desterrada”.Esto ha llevado a algunas entidades estatales y privadas a participar de eventos donde el tema a discutir es los derechos de estas mujeres, sin darse cuenta de que están luchando por la institucionalización de la prostitución, que atenta contra ellas mismas y responde a la gran demanda.Paralelamente se están dando propuestas para la creación de “zonas rosas”, que parten desde algunas autoridades, en un intento por controlar la presencia de mujeres en las calles y argumentando que eso permitiría resguardar la seguridad del usuario.La concepción de la prostitución es sesgada y por ello los diferentes abordajes responden a los estereotipos y mitos que se han mantenido a través de la historia del país.

domingo, 29 de junio de 2008

Sobre Teoría y realidad en el generativismo

Javier A. Arnao Pastor
E.A.P. Lingüística

UNMSM

En el presente artículo, Caravedo enfatiza en el rasgo fundamental sobre el cual se construye el marco epistemológico del modelo gramatical generativo: el de concebir la teoría, el objeto y la metodología usada por el lingüista como hechos análogos a los procedimientos que ejecuta el hablante de una lengua. En estos términos, la autora señala que el enfoque chomskiano pretende mostrarse como bidimensional, dado que comprende, por una lado, una naturaleza psicológica o mental, y, por otro, una dimensión formal o teórica, consistente en la elaboración de un constructo gramatical. Así, dicha relación se concibe como netamente analógica y no como paralela, lo que se evidencia en el hecho de que ambas realidades, mental y teórica, pretenden obedecer al mismo fenómeno. He ahí la crítica. Caravedo apunta a que dicha ambigüedad sistemática genera confusiones, puesto que, si ambas construcciones son análogas, ello supone que cabe la sustitución de una por otra: la transformación de lo real en lo formal o de unificación de ambas realidades. De no ser así, sería un mero recurso retórico.

La competencia ¿facultad innata?

La piedra angular explicativa del generativismo es afirmar el carácter innato de la facultad lingüística. Como pieza clave del fundamento teórico, Caravedo evalúa el término innato (connatural) en sus varias interpretaciones:

  • Como referido a una especie cualquiera.
  • En referencia exclusiva al hombre, que lo define como tal.
  • Referido, además del poseedor de la facultad, a la naturaleza de dicha capacidad y a su carácter preformado apriorísticamente.
  • Referido a lo poseído, pero en un sentido menos estricto, concibiendo la competencia como producto preformado en cierta parte, y activado por la experiencia.

Ante estos sentidos es que surgen las imprecisiones. Pero la problemática verdadera se evidencia en el tratamiento de las últimas dos concepciones respecto del concepto de innatismo. La posibilidad primera queda totalmente descartada porque el interés del estudio del lenguaje por parte de Chomsky se centra en la competencia como facultad humana. Las críticas entonces se dirigen a los dos últimos puntos, en los que se observa una división del concepto de innatismo, pues la versión estricta señala que la facultad no está condicionada por ningún factor externo, mientras que el último punto constituiría un debilitamiento del concepto, al defender la idea de que la facultad implicaría un desarrollo en el cual habría un estado inicial (innato) y un estado fijo (aprendido), asunciones señaladas en las versiones reformuladas de la teoría generativa. Para descartar posibles interpretaciones erróneas, Chomsky explica que lo que se formula como innato no son las lenguas concretas, sino la capacidad (un objeto psicológico, interno) sobre la cual se desarrolla la adquisición del conocimiento de una lengua producto del contacto con los datos externos. Así, señala Caravedo, hay otros procesos que podrían tomarse como innatos porque son adquiridos por el hombre (por ej., la posición erecta) en virtud de que sabemos que se desarrollarán dentro de un límite de tiempo y en contacto con la experiencia. Chomsky elaboró una similitud entre la facultad del lenguaje y los mecanismos perceptuales. Pero dicho símil no es pertinente según Caravedo, porque, si bien es cierto, el desarrollo del sistema perceptivo y del lingüístico en los seres humanos se da de modo más o menos uniforme, no puede afirmarse que el resultado de este proceso sea el mismo. Debe hacerse un ajuste en la explicación y diferenciarse bien el objeto del aprendizaje (externo) de la operación realiza el hablante (hecho mental). Chomsky trata de dar cuenta más de los mecanismos psicológicos que intervienen en la estructuración del conocimiento lingüístico. Lo criticable es no distinguir entre mecanismos cognoscitivos y los objetos a estudiar. Al no definir lo innato como parte de equipamiento genético (preformado), se incurre en un discurso desarrollista y no en el sentido privativo del concepto. Pero Chomsky reafirma su postura innatista como contenido preformado independiente de la experiencia en forma de principios lingüísticos, que se encargan de procesar los datos provenientes de la lengua que se va a adquirir. Defiende la naturaleza lingüística de los principios, pero sin descartar su posible base biológica.

Entonces se aprecia que la noción de competencia se toma de dos formas: la exclusivamente innata y la aprendida, desarrollada a través de la experiencia. Al parecer, Chomsky maneja ambas concepciones: una, más general, según la cual todo el proceso es innato en el hombre; la otra, la fuerte, donde solo se considera innato lo relativo a la gramática universal. Más adelante, esta concepción de la gramática fue esbozada en dos conceptos fundamentales: gramática universal y gramática particular. Lo no aprendido resultaría de la interacción de lo innato con la experiencia de una lengua particular.

Atendiendo a la experiencia siguiendo a Chomsky—, si bien los datos lingüísticos son necesarios para que una gramática pueda desarrollarse, estos no la determinan, puesto que la imperfección y límite de los datos brindados no son suficientes para deducir los principios universales. Según Caravedo, el énfasis que le presta Chomsky a este aspecto es más metodológico que real, pues en ninguna etapa de la adquisición de una lengua se prescinde de los datos de la experiencia. Para mostrar pruebas concretas de la validez del principio universal, Chomsky destaca el principio de dependencia estructural, de acuerdo con el cual el hablante no percibe elementos físicos o palabras aisladas, sino estructuras y oraciones dependientes estructuralmente, cuyo reconocimiento no puede darse mediante la observación directa. Frente a esta afirmación, Caravedo argumenta que el niño antes de identificar categorías abstractas o fronteras morfológicas recibe mucha información previa.

Dimensión psicológica (la teoría de adquisición lingüística y los estados)

En esta revisión extendida de la teoría generativa se replantea la concepción del innatismo del lenguaje. Afirma que los hablantes construyen estructuras mentales en forma de representaciones abstractas.
La competencia sería entonces determinada. Deja de lado entonces el idealismo y restringe el innatismo a una parte del proceso total. Para ello, Chomsky presenta dos fases o estados hipotéticos de adquisición lingüística: un
estado inicial (genético) y otro fijo (producto del contacto con los datos ling.), los cuales implican una serie de estados intermedios en los que el hablante va construyendo y evaluando sus gramáticas hasta llegar a la forma óptima de esta. Cada estado como sistema representacional incluye tres componentes: fonético, sintáctico y semántico. Al referirse a la información contemplada en el estado inicial, se dice que está conformada por una serie de principios por los cuales se filtran los datos de la lengua. Es decir, el niño no procesa directamente los datos del exterior, sino que posee un conocimiento previo (principios como el de dependencia estructural). El producto de la interacción de los principios innatos y la lengua particular son las gramáticas, las cuales funcionan como construcciones intermedias entre una realidad interna (princ. univ.) y otra externa (lengua partic.). Dado que el lenguaje supone la integración de los planos fonético, sintáctico y semántico, la mente debe reconstruir esas representaciones en una gramática.

Dimensión formal (la teoría lingüística)

Es concretamente la gramática elaborada por el científico del lenguaje. De este modo, todo proceso ubicado en la dimensión mental tiene su representación formal: el estado inicial se concibe como la gramática universal y el estado fijo como la gramática particular (nuclear). Sólo la universal es considerada como innata porque la gramática particular sería el resultado de la interacción de la gramática universal y la experiencia. La relación entre GU y experiencia se da mediante las gramáticas o modelos gramaticales. Así como el niño no trabaja directamente sobre las emisiones lingüísticas, sino que la estructura gracias a los principios universales canalizadores, el lingüista opera con metagramáticas basadas en representaciones previas, y no directamente en los datos. En este punto Caravedo cuestiona la validez de dicha afirmación al recalcar que en realidad el referente mental de la teoría no constituye más que una teoría sobre un proceso tomado como real. Los principios llamados universales no son más que el producto de una generalización surgida con el afán de liberar a las gramáticas de una excesiva e innecesaria carga teórica (por ej., muévase-α que redujo las reglas transformacionales de las lenguas particulares). En el proceso de subsunción se debe pensar que se construyen las reglas sobre los datos. Chomsky no ha ocultado que dichos principios sean metagramaticales. Lo que refuta Caravedo es adjudicar esos principios al estado inicial como si fuesen hechos psicológicamente reales. Los principios únicamente pueden reconocerse si se acepta el modelo como representación de la dimensión mental del hablante, si se acepta la unificación de ambas dimensiones y se justifica la analogía. Asimismo debe proporcionar los principios reguladores del desempeño de las reglas y establecer la forma de los componentes lingüísticos relacionados de modo análogo al que se asume como la construcción natural que realiza el niño.

¿Unidad bidimensional?

La bidimensionalidad, rasgo que la autora ha sostenido como característica fundamental del modelo generativo, es propia de todas las versiones chomskianas. Con la reformulación del modelo, el de la gramática universal, se pretendía un acercamiento mayor entre las dimensiones formal y psicológica, y la dimensión real del hablante. A este respecto se dirigen los cuestionamientos: lo que se concibe como un acercamiento se convierte en un artificio teórico, puesto que los principios innatos, asumidos en la gramática universal, no son más que el resultado de un proceso de abstracción que opera a nivel formal en el modelo gramatical; por tanto, constituyen conceptos metarreferenciales, que operan al interior de la gramática a nivel teórico para restringirlas formalmente, pero no obedecen a representaciones reales. La GU se convierte en una teoría de sí misma.

La analogía que se establece entre los procesos mentales que ejecuta el hablante y las elucubraciones del lingüista, compromete el plano metodológico. El punto clave del modelo lo constituye el vínculo entre mente y experiencia (en el hablante) y la representación de la relación entre teoría y realidad (en el lingüista). ¿Cómo se dan las conexiones entre ambos elementos por ambas partes, la del hablante y la del científico? El meollo es que no hay un contacto directo con la experiencia. Aquí Caravedo señala las divergencias cualitativas entre la experiencia del hablante y la del lingüista: la del primero se da en forma da datos desorganizados, la del lingüista es, en realidad, un corpus de datos fruto de una selección, hechos a favor de la defensa de cierta hipótesis o modelo gramatical. Lo cuestionable es la pretensión de equiparar el proceso adquisitivo real con su representación teórica; además, el porqué de la fusión del conocimiento lingüístico con las características del objeto de estudio. Más adelante, la réplica va hacia la pretensión de la búsqueda de asidero biológico a lo que sólo tiene fundamento especulativo, pues, sin pruebas concretas en el campo genético se cae en mecanismos retóricos (v. g. el principio de dependencia estructural para la justificación de los hallazgos).

Finalmente, atendiendo a la noción de bidimensionalidad entre lo formal y lo mental- abstracto, se evalúan los vínculos fundamentales entre los elementos intervinientes. La competencia se concibe como psicológica (operación del hablante) y formal (modelo gramatical). Dicha relación es caracterizada como analógica. La representación del objeto psicológico real es, en realidad, un nuevo constructo, de esa supuesta realidad mental, que es teórica también. En síntesis, Caravedo sostiene que Chomsky no hace sino relacionar teoría y metateoría o GU y GP y no la relación analógica (o su fusión) entre la dimensión teórica (formal y psicológica) con la dimensión real que opera en la mente del hablante. Se evalúan dos gramáticas de distinto orden de manera interna. Teoría y realidad quedan como modelos gramaticales construidos a partir de representaciones y no obedecen al hablante real.

[1] Basado en el artículo de Rocío Caravedo Teoría y realidad en el generativismo. Una aproximación al último modelo de Chomsky. En: Lexis, Vol. X. Nº 2. 1986, pp. 131-146.

lunes, 23 de junio de 2008

La revolución socio-cultural de la cumbia peruana

Javier Alejandro Arnao Pastor
UNMSM
E.A.P. Lingüística
Es un hecho patente que la cumbia (y sus variantes: norteña, andina, amazónica, hablando en términos gruesos) no se circunscribe a un fenómeno musical. Su profunda raigambre social y cultural (hasta económica), cobra el máximo apogeo en la década de los ochenta (en su versión denominada "chicha"), en un Perú que empezaba a ser azotado por la violencia política y la guerra interna entre Sendero Luminoso y las F. F. A. A., que posteriormente sería testigo de la crisis económica del primer gobierno aprista, la dictadura fujimontesinista, y que pasados ya quince o veinte años es testigo de los profundos cambios estructurales que la sociedad ha atravesado. Es justamente en los 80's que emerge la figura de Lorenzo Palacios, "Chacalón", ícono de la música popular de esa gran Lima provinciana, que a catorce años de su muerte se le recuerda porque cobra vigencia como aquel hombre cuyo mérito fue albergar dentro de sus canciones al peruano migrante, a través de un discurso progresista, inclusivo, que construyó la representación mental colectiva ideal del provinciano (ideal en el sentido de que produce y representa un modelo de individuo cuasi homogéneo: es el ayacuchano, el andahuaylino, el ancashino, el puneño, pero también el pucallpino, el iquiteño, el piurano, el trujillano). Reconoce el nuevo rostro de la ciudad, su recomposición étnica y demográfica; destapa esa Lima que vivía desplazada a los perímetros urbano-marginales y a las profundidades de la consciencia de la Lima burguesa y clasemediera que tenía clara cuenta de su diversidad y que, sin embargo, manifestaba una miopía consciente, deseada. Elabora una categoría social que aborda un patrón común, pero a su vez preserva íntegras sus distinciones; aunque lo que explote sea lo común. Ya no sólo es el indio mitificado del indigenismo, sino que se incluye a sujetos sociales reales, concretos. Y ese discurso subyacente cala hondo en las clases populares puesto que ese sector urbano, tradicionalmente desplazado al escalón más bajo del sistema de jerarquías sociales, siente que toma representatividad, que adquiere reconocimiento. En los últimos años es ese sector otrora olvidado, desplazado, que ahora toma la economía por las astas (casos concretos son el emporio comercial de Gamarra, el centro comercial Unicachi, el coloso comercial de Megaplaza en el cono norte, etc.) que adquiere protagonismo como una especie de protesta o revolución social que busca marcar su sello en las páginas de la Historia Oficial, de esa historia de la que por años estuvo excluida por el centralismo y por las clases dominantes, las elites capitalinas.
Actualmente vemos que la cumbia es el fenómeno musical complejo que ha rebasado las lindes de las clases sociales, y esta es sólo una de las caras que reflejan un país lleno de transformaciones graduales pero significativas. Un país que con todas las limitaciones de un estado tercermundista está alcanzando superar paulatinamente los escollos en pos de conformar una comunidad más democrática e igualitaria. Esperemos ser testigos oculares del tan ansiado Estado democrático y libre.
Disfruten del reportaje.



VER VIDEOS EN:

http://www.youtube.com/watch?v=fPVNQdF_DjI




martes, 10 de junio de 2008

Fiat lux

Nitimur in vetitum


I


Para aquel día, ya el hecho habría sido descubierto y no tardarían en llegar a apresarlo, se repetía Tobías Montalvo. La muerte pellizcaba sus talones y pensar en lo inminente percutía en sus sienes como lo hacía el monótono aplastamiento de una gota, al caer sobre la superficie del viejo lavadero. Esa noche el disco de plata pendía del cielo como una gran hostia. La luna se envolvía en un ritual luminoso, increpándole a la cara, como un sacerdote: ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué?!
Acurrucado en la esquina de un cuartucho de poca monta en la Calle de los Judíos, mantenía un cigarro asido a su mano izquierda, como un cáñamo índico. Al percatarse de que lo tomaba entre sus dedos —que habían dicho parecían los de una mujer— con vileza sobre aquella extremidad asesina, cambió el pucho de mano. Jamás la acción de fumar le había parecido tan catártica. El aire tornábase un tanto enrarecido y limeñamente melancólico. En medio del delirio, se vio vestido con un atuendo escarlata y blanco, como cuando niño, abrazado a las piernas del cura, le confesaba que había incurrido en el vicio adolescente del onanismo —el estómago era el cubículo donde se concentran todos los males­­, recordó súbitamente; de ahí la clasificación de las personalidades según Aristóteles—. El humo invadió su tráquea y sintió que hervía, que se incendiaba. Giró de pronto los ojos en un gesto exploratorio y creyó topar con los párpados un chorro indescriptible. Como siguiendo un rito chamanesco, llevó el objeto delgado y humeante hacia la entrada de sus fauces. Exhaló el humo casi por inercia, y al instante, el fantasma gris se confundió con el poco oxígeno de la habitación, que de por sí era ya escaso e impregnado de una humedad de lustros.
Dio una segunda pitada. Inhaló tan profundamente la masa gris que sintió colmar la entereza de sus pulmones; concentró el humo en el estómago, por unos segundos, los suficientes para que absorbiese todo el pecado y lo vomitó lentamente. La humareda que expelía el pitillo formaba en la atmósfera toda clase de figuras. En la densa humarada vislumbró una faz taciturna y ceñuda, de espejuelos redondos y gruesos, brillantes, que lo observaban como auscultándolo. Apareció el rostro de Morote, maestro de filosofía, a quien cariñosamente apodaban ‘el existencialista’: “La existencia del hombre es una paradoja continua —citaba a Kierkegaard—. Es la angustia por el pecado y el sosiego por la aproximación a Dios”, parecía susurrar al vacío la cara gaseosa, mientras se diluía lentamente. Montalvo terminó de desbaratar de un manotazo la efigie difusa. Sintió de repente ansias de beber un buen vino. Indagó cada arista de la habitación, que ya a la una menos cuarto se había tornado de una oscuridad tan honda que era improbable hallar un elefante. Con la vista ciega divisó la botella debajo del buró, la tomó y, en un acto de súbita resolución, se dispuso a subir a los altos del solar. Prendió nuevamente un cigarro. Esta vez de esos burdos elementos que conseguía buenamente a expensas de un pariente alistado en el ejército. Lo acarició con una delicadeza inmerecida y se puso a recorrerlo, ansiando el cuerpo delgado de Rebeca. Poco a poco fue despojándolo de su ropaje, simulando hacer lo mismo con su vestido. Sin embargo, al deshacerse de su envoltura, vio el tabaco, tan barato, desnudo y canela que… Se percató de que el tabaco y la desaparecida mujer obedecían a la misma tipología: del vulgo y para el vulgo, pensó para sus adentros. Pero los deseaba a ambos. Cerró los ojos y alucinó por una millonésima de tiempo que la poseía entera en Le Baiser de Lautrec. En cuestión de segundos, volvió en sí, recordando dónde estaba. Deseó locamente tener entre sus manos no un cigarrillo barato sino un narguile, de los que fuman los hombres en Medio Oriente. Vendrían pronto a buscarlo y no habría donde ocultarse. A lo lejos el cerro San Cristóbal cuidaba de la ciudad dormida. Montalvo observaba absorto las diminutas luces de las viviendas precarias que, tiritando con fulgor de ojos de niño, se aferraban a sus faldas, a su estructura toda, de asfalto, polvo y arena. Cogió la botella de vino y sintió el licor sanguinolento mecerse torpemente en su interior. Quiso libar hasta la mañana siguiente y despertar con el sol en el rostro libre; pero el recipiente adquirió ante sus ojos su verdadero aspecto: un alcohol de dos por medio obtenido en un trueque desequilibrado. Apenas posó sus labios sobre el pico, maldijo el día en que parieron al insensato culpable de su producción, y lo arrojó prestamente a la calzada desde lo alto del recinto: Libar es mucho verbo para esta botella, musitó. Giró la cabeza al norte por última vez en la noche y miró la cruz, tan blanca y cristiana, que se inundó de temor. Metió las manos en los bolsillos; no halló más que la aspereza de una moneda. Aquella madrugada Tobías Montalvo se sintió desgraciadamente más humano que nunca.


II


Desde el instante en el que se produjo el crimen, el 188 de la Calle de Los Judíos no sería jamás el jirón de la caótica ciudad condenado al baúl del anonimato. En los altos del edificio, que ocupa ahora el Cordano, abrigado por las callejuelas Ancash y Carabaya, que forman un compás imaginario, el otrora Hotel Comercio fue el escenario donde se perpetró el primer gran crimen de la historia policial de Lima.
La noche del 10 de marzo de 1960, en la habitación 201, el cuerpo de una joven mujer fue hallado en el lecho, totalmente desnudo, tendido sobre el dorso. Al mover el cadáver, los oficiales hallaron en su pecho una inscripción hecha con un cuchillo: T.M. En la frente, un papel con una inscripción rezaba: No resolviste el acertijo. Q.E.P.D. Réquiem por Rebeca escrito las paredes de la habitación. De acuerdo con la necropsia y el posterior informe del médico legista, el cadáver había sido hallado decúbito prono, con claras marcas de estrangulamiento, las piernas abiertas, pero sin signo alguno de haber sido violentado. El lugar lucía con tal pulcritud y orden que, de no haber sido por la gota escarlata (y aquel tipo insensato de la habitación) que se filtró aquella noche hacia la planta baja, y visitó el plato de un comensal sin suerte, nada hubiese sido descubierto, sino hasta entrada la anunciación infame de esa hediondez natural que emanan los cuerpos cuando sucumben al proceso de descomposición.

III

Tobías Montalvo era un muchacho ligeramente acomodado, de una familia trujillana, con cierta prosapia pero venida a menos, a la que seguramente algún teórico marxista tipificaría como un pequeño burgués. Habían llegado a Lima en busca de mejorías pecuniarias pues, las reformas estructurales aplicadas por el Estado, habían quebrado la economía de las principales empresas azucareras del norte del país. Al llegar, buscaron un lugar decente para instalarse, lejos de los refugios de provincianos y las barriadas: Jesús María, se dijeron. Los primeros tiempos fueron difíciles en la nueva urbe; su padre tuvo que ejercer, pese a la negativa de su mujer y la dificultad de la época, mil y un labores, desde funcionario público en el Ministerio de Fomento, visando solicitudes a tipos presurosos —le parecían totalmente iguales—, hasta una especie Hermes en bicicleta. A los pocos meses su padre, el ingeniero Juan Pedro Montalvo, consiguió empleo como administrador en una prestigiosa empresa capitalista de firma alemana que importaba autos, cuya oficina quedaba en La Victoria, en la calle Berlín. Pronto recobraron la prestancia añorada: reuniones, almuerzos los fines de semana, el club en Chosica y compraron un terreno en Los Olivos; construyeron una casa que les servía de renta. Sería un espacio desarrollado en unos veinte años, núcleo de la nueva economía, impulsado por los sectores emergentes que pueblan ahora la ciudad, le habían referido: convenía un terrenito allá ¿o no, compadre?
La familia concibió un solo hijo: uno, la intuición del punto, respondía el ingeniero cada vez que le hacían la antipática pregunta sobre el porqué de no tener otro hijo: Mentira, hombre, estos tiempos ya no están para dárselas de conejo. Era Tobías, un muchacho enjuto, de mucha agudeza para su edad, que podía pasar horas ante libros sobre Egipto, los celtas, novelillas policiales; y en los kioscos, historietas de mitología. Desde pequeño despertó en él una curiosidad incesante por los misterios y extrañas causas que movían las cosas más simples, inquietud que fue aumentando proporcionalmente a su crecimiento físico. Ya adolescente, continuó sus aficiones con la literatura oscura, la parasicología, las ciencias ocultas, las sociedades secretas. Llegó a la universidad y decidió inscribirse en filosofía, hecho que le permitiría profundizar en la reflexión de las cosas del mundo.

Así fue que paralelamente a mis estudios de metafísica, desarrollo de filosofía peruana y algunos cursos de filología, que tomaba en esporádicamente, decidí seguir sociología. Los vínculos entre las estructuras sociales y las tensiones que se dan en el seno de una sociedad tan compleja me provocan una sensación inefable por develar sus mecanismos. Por esos tiempos decidí retomar mis antiguas aficiones por los temas ocultos, profundizando ahora la alquimia y la mística, aunque de modo bastante teórico. Las ciencias herméticas, a las que los científicos ortodoxos suelen llamar pseudociencias, no son más que la asignación de un rótulo con el que se nombra a estos campos inexplorados, a los que mente no puede dar una explicación sistemática. Asistía entonces todos los viernes a sesiones con una minúscula secta en la calle Ocoña. Cada reunión consistía en el tratamiento de un tema relativo al ocultismo o algún tópico de la cábala, así que al concluir el año ya habíamos disertado y explorado los temas capitales, y sido elevado de rango los más destacados. Solía salir del pequeño cónclave alrededor de las 8:00 p.m. y mi espíritu de caminante me impulsaba a recorrer las calles del centro sin una ruta previamente establecida. No hay actividad más fascinante que deambular en una zona relativamente extraña y bohemia: elefantes blancos con sólo cuatro pisos habitados, borrachines muy simpáticos, cabaretes a los que se accede por unos soles, un niño en jirón Belén rasgando con esperanza y escasa técnica un charango, putas tristes y dispuestas. Confesaré que ellas y los burdeles me ocasionan una aversión incontrolable, al evocar el día en que mi padre me condujo a rastras hasta un caserón oscuro con fluorescentes chillonas, donde me recibió una mujer pintarrajeada y melosa. Me tendió en una cama deshecha. Se desnudó, me desnudó: entre sus piernas hubo un bivalvo húmedo y frondoso que no supe interpretar. Sólo entonces supe que era tibio, muy tibio. En la plaza San Martín un viejo regordete, bien enternado, conversa muy de cerca con un muchacho. Lo devora con los ojos: encima regateas, viejoemierda, piensa.
En esas épocas los bares, las calles, los cines de Colmena, el barrio chino, los restoranes del Rímac, el Jirón de la Unión, se habían convertido para mí en una suerte de refugio donde descubrí cosas fascinantes, imposibles de encontrar en la Lima que existía más allá de 28 de julio. Así conocí a Rebeca, una noche que salía de Ocoña, de mis reuniones esotéricas. Estaba parada bajo la llovizna, bajo el invierno gris, casi a media noche en la avenida Tacna. La vi tan hermosa que sentí por vez primera en muchos años la fragilidad del ser y la delgadísima franja que separa la razón del subjetivismo, a la minimización a la que se reduce el raciocinio cuando se es atacado por el amor. No era precisamente una belleza aria: no como las piden en los catálogos, pensé. Sus cabellos eran muy largos y lacios y negrísimos, azabache; se aferraban a sus hombros húmedos, de canela, muy redondos. Las gotas avanzaban redibujando su cuerpo, y morían, suicidándose en sus tobillos. Los ojitos rasgados, tan coquetos: una ñusta, pensé. Intercambié con ella algunas palabras y pedí volverla a ver. Me observó absorta, pero asintió. Antes de subir al último bus de la noche, tomó mi mano contra la suya y sentí una aspereza entre los dos. El bus se alejaba al girar la esquina. Fue entonces que descubrí entre mis dedos un papelito: Calle de los Judíos 188. Esa misma noche no pude pegar los ojos evocando su rostro. Los días siguientes a nuestro ocasional encuentro, obedeciendo a un acto compulsivo, recorrí los jirones y calles, buscando el lugar que correspondía a la dirección escrita. Pese a mi tenacidad, no la hallé esa tarde y resolví estallar mi ira en un bar cercano a la Plaza. Al pisar la entrada de la taberna me sobresalté al leer la placa empotrada en la extremidad de la columna que daba a la acera: Calle de los Judíos 188. Entré y de inmediato interrogué al mozo. Me informó que en los altos se rentaban habitaciones y que una de ellas era ocupada por una señorita. Sin más, subí presto hacia las escaleras; encontré la puerta entreabierta. La escena que vi a continuación me desgarró el pecho. Su cuerpo canela, desnudo, cabalgaba jadeante sobre el sexo de un hombre, que le acariciaba los senos erguidos sobre la corona marrón, al tiempo que exploraba sus profundidades, le enroscaba la mata de vellos de entre sus muslos, que parecían escurrirse asustados entre sus toscas palmas. No pude soportarlo. Me abalancé sobre el tipejo y lo eché a patadas arguyendo que era mi mujer, hijoeputa, mi mujer. Al instante me llené de una furia inefable, cuando evoqué el episodio adolescente del prostíbulo de La Victoria y la cara de la ramera. He referido que mi fobia hacia las burdeleras ocasiona cambios radicales en mi personalidad. Las prostitutas me sugieren una total repugnancia, al grado de querer exterminarlas, pues, si constituyen pragmáticamente un desfogue para la represión sexual, despiertan sólo perversión y pecado para los hombres. Fue como decidí acabar con ella. Sentía que si la eliminaba perdería un trozo de mi existencia, que sería a posteriori una autoeliminación. Pero la quería a pesar de sus actos y decidí absolverla del castigo de la muerte si resolvía el acertijo que la esfinge planteó a Edipo: ¿Qué ser tiene cuatro pies, dos pies o tres pies, y cuantos más tiene es más débil? No resolvió el enigma. El mecanismo que le impuse puede que se juzgue de severo. A mi juicio, no: el único camino hacia la salvación era el de la razón, la utilización del entendimiento para aproximarse a la belleza en sí, y ella no lo logró. Opté por el estrangulamiento. No hice más que sujetar fuertemente su cuello hasta que mis dos manos fuesen a fundirse en una, mientras su faz se iba apagando —tienes que morir, maldita perra, promete que serás buena. No, cualquiera. No, no te mueras—. A media noche, el reloj de la catedral escindió el tiempo y su corazón cesó de latir contra mi pecho. Un mechón de finos hilos lacios le cruzaban media cara. Los labios lívidos, muertos. Ya no eran rojos, pensé. Mis iniciales ahora le repujaban el pecho.
Tobías quiso desafiar las leyes de la muerte y regresarla. Yacía el organismo tieso sobre las sábanas corrugadas. Dios había hecho al hombre a su imagen y semejanza; él la devolvería a la vida a través de los misteriosos escritos de la cábala judía. La esculpió entera, al detalle moldeaba el cuerpo, con ambas manos reparaba los órganos, el cuello amoratado, al tiempo que mezclaba entre sí las escrituras en un ritual de permutación de las letras, como los antiguos cabalistas. Quería emular a Dios en la creación de un ser orgánico semejante a Rebeca:
— Eres voluntad de la magia, vuelve a la vida— dijo.
Articuló cada sílaba contra el cadáver inerte, los dedos delicados —que eran, según las gentes, los de una mujer— navegaban el alfabeto continuo, buscando el arcano de la creación divina. Pero no respondía: ‘Emet’ (la palabra de la verdad en hebreo) profirió quedo a su oído izquierdo, lo tatuó en su frente y cesó el rito. De repente, la boca de Rebeca besó la suya. La puerta de la buhardilla se abrió con estrépito. El amante que había arrojado a puntapiés del hotel venía acompañado de un par de uniformados.
La máquina de escribir tableteó la última frase de la novela. Un policía invadió la celda de Montalvo mientras terminaba la ficción de su crimen.

Desperté súbitamente del profundo sueño que me causó el vino de la noche anterior. Eran las 7 am. y la mitad de naranja cálida que colgaba sobre los techos caía sobre mi rostro libre —¿Vendrían a apresarme?— En ese instante, tocaron tres veces la puerta. Un gendarme me pidió con amabilidad que lo acompañe, a lo que no ofrecí resistencia alguna. Habiendo llegado a la estación de guardia, me practicaron el cuestionario de rigor. Un capitancito —reconocí de inmediato su rango por los galones— deambulaba por la sala meneando el bigote, como retándome:
— Montalvo, ¿tiene algo que alegar en su defensa? ¿Por qué asesinó a Rebeca Saravia?
— Nitimur in vetitum: nos lanzamos siempre hacia lo prohibido, capitán.

De aquí, acá y acullá


¿Qué es el Silbo Gomero?


El silbo gomero es un lenguaje silbado idiomático característico de la isla de La Gomera y representativo de la cultura canaria.

El silbo gomero es un lenguaje silbado que se utiliza desde tiempo inmemorial en la isla de La Gomera para comunicarse a grandes distancias. No se trata de una serie de códigos preestablecidos que sirven para expresar contenidos limitados, sino de un lenguaje articulado, reductor, no convencional, que permite intercambiar una gama ilimitada de mensajes al reproducir mediante silbidos las características sonoras de una lengua hablada. En la actualidad, reproduce el castellano hablado en las Islas Canarias pero, teóricamente, podría hacer lo mismo con cualquier otra lengua. El lenguaje silbado de La Gomera es una de las manifestaciones más originales y representativas del archipiélago Canario y la tradición más viva que nos ha llegado del pasado prehispánico de estas islas. Durante siglos ha constituido un elemento cohesionador de los habitantes de la isla de Gomera y su integración en la comunidad ha sido tal que, a pesar de los distintos acontecimientos históricos y de las numerosas transformaciones sociológicas, el silbo gomero ha mostrado una excepcional capacidad de adaptación a toda clase de cambios, perviviendo como componente esencial de la cultura insular. La función principal de este lenguaje es permitir la comunicación entre personas que se encuentran a gran distancia unas de otras. Esto precisa de una gran potencia para emitir el sonido. Pero lo más reseñable de la técnica del silbo es la dificultad que entraña reproducir una lengua completa, que emplea todos los recursos fonadores de la cavidad bucal y sus correspondientes subcavidades, mediante un mecanismo –el silbido– que sólo permite variaciones de frecuencia de un mismo tono fundamental. Esto implica una práctica y unos conocimientos que se han ido desarrollando durante siglos y que sorprenden por su eficacia y sutileza.Por otra parte, el silbo gomero se caracteriza por ser, principalmente, un lenguaje social, apto para el ámbito colectivo en mucha mayor medida que para el privado. Aunque en algunas ocasiones se ha utilizado como lenguaje secreto –durante la conquista, en guerras, para realizar contrabando–, los mensajes emitidos mediante el silbo son públicos porque así lo exige la propia naturaleza de este lenguaje. Lo que se transmite con el lenguaje silbado puede ser escuchado por personas que no son los destinatarios. En este aspecto, el conocimiento o desconocimiento del silbo gomero ha contribuido a crear un mayor o menor sentido de pertenencia a la comunidad, si bien a nadie se le ha impedido nunca su aprendizaje y práctica.Los cambios sociales producidos durante la última mitad del siglo XX situaron al silbo gomero al borde la extinción, con apenas unas decenas que personas mayores capaces de practicarlo. Las iniciativas de diversos agentes sociales de la isla de La Gomera y de parlamentarios nacionalistas de la misma, indujeron al Parlamento y al Gobierno de Canarias a elaborar una legislación concreta para salvaguardar y revitalizar el silbo gomero. Estas leyes –únicas en el mundo en cuanto a protección del patrimonio oral de inmaterial– incluyen la enseñanza del lenguaje silbado de la Gomera en los planes de Educación Primaria y Segundaria Obligatoria de todos los colegios de la isla. Esta innovadora medida ha logrado que se garantice la pervivencia del silbo entre las nuevas generaciones.





Curiosidades de la lingua

Aguinaldo


Hubo un tiempo en que la cesta de Navidad se la daban los empleados a los jefes. El primer aguinaldo lo recibió Rómulo, el rey de Roma. Sus ayudantes le regalaron el primer día del año unas ramas cortadas del bosque de Strenia, la diosa de la buena salud y la suerte. El obsequio era un indicio de buen augurio para el año entrante, como los frutos secos y los dátiles que se intercambiaban los celtas. Estos usaban la palabra eguinad para designar el regalo, de la que deriva la española “aguinaldo”.
A propósito de la muerte de Jorge Salazar

A una semana de su fallecimiento, recordamos una entrevista concedida por el periodista y escritor al espacio Presencia Cultural, en la que habla de su obra La media noche del japonés.